Después de esto, designó el Señor a otros setenta
y dos y los envió de dos en dos, delante de él, a todas las
ciudades y lugares a donde él había de ir. Y les dijo: “la
mies es mucha, pero los obreros pocos. Rogad pues, al Señor de la
mies que envíe obreros a su mies”.
(Cf Lc 10, 1-2)