La Jerarquía fue instituida por Cristo para orientar y apoyar a su ya floreciente "Iglesia", que en el siglo I se componía apenas de un par de centenares de hombres y mujeres. En aquel entonces, éstos se reunieron para apoyarse mutuamente y así, en grupo –en familia– poder alcanzar los objetivos comunes que todos tenían.
Dice el Catecismo de la Iglesia Católica (punto 765): "El Señor Jesús dotó a su comunidad de una estructura que permanecerá hasta la plena consumación del Reino. Ante todo está (ver cita textual en la ventana de la derecha) (1) la elección de los Doce con Pedro como su Cabeza, puesto que (2) representan a las doce tribus de Israel, (3) ellos son los cimientos de la nueva Jerusalén. (4) Los Doce y (5) los otros discípulos participan en la misión de Cristo, en su poder, y (6) también en su suerte. Con todos estos actos, Cristo prepara y edifica su Iglesia".
Así como estamos seguros que Jesús realmente fundó la Iglesia Católica Apostólica, también nos debe llenar de gozo y de paz que sea el Espíritu Santo quien gobierne, proteja y dirija todas sus acciones. Como ejemplifican los Hechos de los Apóstoles (Cap. 3 y 4), cuando Pedro y Juan –"hombres sin letras ni cultura"– curaron a un cojo de nacimiento y los miembros del Sanedrín "les ordenaron que de ningún modo hablaran ni enseñaran en el nombre de Jesús". En ese momento los dos apóstoles, guiados por el Espíritu Santo, contestaron con tal claridad y firmeza que sus acusadores no pudieron hacer otra cosa sino dejarlos ir, simplemente amenazándolos de nuevo. Pero la Escritura sigue con un pasaje lleno de entusiasmo:
Ya en libertad, fueron a los suyos y contaron lo que habían dicho los príncipes de los sacerdotes y los ancianos. Después de escucharlos, elevaron unánimes su voz a Dios y dijeron: "Señor, tú hiciste el cielo y la tierra, el mar y cuanto hay en ellos, tú eres el que dijiste por el Espíritu Santo, por boca de nuestro padre David, tu siervo: '¿Por qué se han amotinado las gentes y los pueblos meditaron cosas vanas? Se han levantado los reyes de la tierra, y los príncipes conspiraron a una contra el Señor y contra su Cristo'.Esa tranquilidad es la que debemos tener todos los católicos, sabiendo que la Iglesia aquí en la tierra está en manos de quienes Dios ha querido, aun con sus miserias y fallas humanas, sabiendo que al final Él prevalecerá."Pues, en efecto, se aliaron en esta ciudad contra tu santo siervo Jesús, al que ungiste, Herodes y Poncio Pilato, junto con los gentiles y el pueblo de Israel, para hacer lo que tu poder y tu voluntad habían determinado que se hiciera. Ahora, Señor, mira sus amenazas y concede a tus siervos proclamar con toda seguridad tu palabra. Extiende tu mano para que haya curaciones, señales y prodigios en el nombre santo de tu Hijo Jesús".
Terminada la oración, tembló el lugar donde estaban reunidos, y todos quedaron llenos del Espíritu Santo, y anunciaban con seguridad la palabra de Dios.